La hibris, hybris o húbris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados. Ese orgullo suele provocar, tanto en las historias del Mundo Clásico como ahora, un merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como dijo Eurípides:
Aquél a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco.
En los últimos años hibris podría aplicarse a la entrada en Guerra en Irak, algo que, a estas alturas, se reconoce como un grave error. Orgullosa fue la actitud de su principal promotor, George W. Bush que amparado en su fe de cristiano renacido confió a su circulo más cercano que el propio Dios le había impulsado a esa tarea. Orgullosa fue la actitud del tercer mariachi del Trío de las Azores que pese a reconocer que, en su país, sólo le apoyaba un cuatro por ciento de la población (el porcentaje de personas que actualmente sigue creyendo que Elvis está vivo) nos metió en una guerra ilegal e inmoral. Tony Blair a la hora de tomar su decisión dudó pero acabo respaldando la invasión.
Ahora ya se están preprarando los planes para abandonar un país abocado a un incierta Guerra Civil, pero de momento todos los días la gente sufre. Todavía hay testigos que nos lo cuentan. Para eso nada como el fotoperiodismo.

Zaina Hussein llora mientras es curada de sus heridas. la explosión de un camión bomba destruyo su barrio y mato a cien personas, entre ellas varias de su familia.

Los Chambers, padres de un joven soldado muerto en Irak, lloran en el funeral de su hijo mientras sostienen la bandera de las barras y las estrellas.





La situación: después de un larguisimo viaje se llega a altas horas de la madrugada a un hotel de Madrid. Enfrente de la recepción hay una plaza de aparcamiento libre. Se aparca el automóvil y se pernocta. Al día siguiente, al levantarse se descubre que el coche está aparcado en una plaza reservada a taxi, cosa que por la noche era harto difícil de comprobar puesto que el resto de las plazas de la misma batería estaban reservadas a los huéspedes del hotel. Una persona se baja de un coche y advierte, al propietario del automóvil aparcado, que un taxista se ha bajado de su vehículo y que cree que le ha pinchado una rueda. Efectivamente la rueda no está pinchada, sino rajada lo que implica la sustitución de la cubierta y la llanta, el gasto de 120 euros y la imposibilidad de llegar a la cita comercial por la que se había emprendido un viaje de 500 kms. La cosa no acaba ahí. En el viaje de retorno al punto de destino el coche empieza peligrosamente a perder la dirección y tras un supremo esfuerzo se consigue evitar la salida de la vía y el accidente.
.- Disfrutábamos de nuestras vacaciones en un camping situado en el pueblo de Castañares (Haro – Rioja).
Nunca entendí a esa gente que se arremolina en las puertas de los juzgados para insultar al detenido. Me parece que cuando te detienen y te llevan para el maco, bastante castigo tienes como para que encima te toquen los guevos. Además esa gente que insulta, de naturaleza corbarde, son los que cuando el tío están en la calle, o se acojonan o le hacen la ola. Este post viene a cuenta de la entrada en prisión de Farruquito. A él nadie estaba allí para insultarle. Claro que, como entró acompañado de su clan, a ver quien tiene pelotas para empezar a gritar “asesino, sinvergüenza, 
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