Archivos de la categoría ‘Reflexiones personales’

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Aquél a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco (perdidos en el orgullo y la desmesura)

Julio 23, 2007

La hibris, hybris o húbris es un concepto griego que puede traducirse como ‘desmesura’ y que en la actualidad alude a un orgullo o confianza en uno mismo exagerados. Ese orgullo suele provocar, tanto en las historias del Mundo Clásico como ahora, un merecido castigo. En la Antigua Grecia aludía a un desprecio temerario hacia el espacio personal ajeno unido a la falta de control sobre los propios impulsos, siendo un sentimiento violento inspirado por las pasiones exageradas, consideradas enfermedades por su carácter irracional y desequilibrado, y más concretamente por Ate (la furia o el orgullo). Como dijo Eurípides:

Aquél a quien los dioses quieren destruir,
primero lo vuelven loco
.

En los últimos años hibris podría aplicarse a la entrada en Guerra en Irak, algo que, a estas alturas, se reconoce como un grave error. Orgullosa fue la actitud de su principal promotor, George W. Bush que amparado en su fe de cristiano renacido confió a su circulo más cercano que el propio Dios le había impulsado a esa tarea. Orgullosa fue la actitud del tercer mariachi del Trío de las Azores que pese a reconocer que, en su país, sólo le apoyaba un cuatro por ciento de la población (el porcentaje de personas que actualmente sigue creyendo que Elvis está vivo) nos metió en una guerra ilegal e inmoral. Tony Blair a la hora de tomar su decisión dudó pero acabo respaldando la invasión.

Ahora ya se están preprarando los planes para abandonar un país abocado a un incierta Guerra Civil, pero de momento todos los días la gente sufre. Todavía hay testigos que nos lo cuentan. Para eso nada como el fotoperiodismo.
Zaina Husein

Zaina Hussein llora mientras es curada de sus heridas. la explosión de un camión bomba destruyo su barrio y mato a cien personas, entre ellas varias de su familia.
Chambers
Los Chambers, padres de un joven soldado muerto en Irak, lloran en el funeral de su hijo mientras sostienen la bandera de las barras y las estrellas.

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El efecto menéame, las injusticias y un blog

Junio 21, 2007

Ayer comencé a sospechar que algo no era normal cuando, al revisar mi correo, vi un número inusual de comentarios. Todos los días, antes de ir al trabajo mi momento de meditación se convierte en la escritura de una reflexión en alguno de los cuatro blogs que tengo abiertos. Eso me centra y me permite hablar con mis amigos de lo que me preocupa. Además, para un periodista, es un ejercicio de estilo: decir lo que quieres y utilizando los recursos expresivos más adecuados.

Mis amigos saben que odio las injusticias. No hay nada que más me subleve que el poderoso que abusa del débil. Hay asuntos con los que, francamente, no puedo. Uno es el de la violencia de género, al que siempre que tengo ocasión denomino “terrorismo machista”. Otro tema es el de las muertes en la carretera. Coincido con la gente del Real Automóvil Club para los que he escrito esta semana un guión “es la pandemia del siglo XXI”. ¿Os imagináis si todas las semanas muriesen por gripe aviar 200 personas? La alarma sería inmediata, se movilizarían todos los recursos sanitarios y se dispondrían recursos preventivos de carácter extremo. En la carretera eso pasa y ya lo vemos como si formara parte del paisaje.

Por eso hablé, hace meses, del caso Enaitz Iriondo, un asunto que suma a la desgracia la ignominia de un desalmado que pide a los padres que le paguen los daños que sufrió en su coche por atropellar a Enaitz. Ayer, antes de ir a trabajar recuperé un recorte de una esquela de EL PAÍS. Cuando, en su día, vi ese precioso recuerdo me estremecí. Hacía pocos días que mi hermano, Carlos, había muerto también joven y de una muerte repentina e injusta y me sentí conmovido y lleno de solidaridad. Ese pequeño recorte, al que no quise hacer ningún comentario (se comenta sólo) fue recogido en Menéame Meneamé pesimistay mi blog, pensado para poca gente, para mis amigos y los amigos que recojo por la web fue masivamente visitado.

Si queréis que os cuente mis impresiones, ayer sentí varias cosas: la primera orgullo porque mi pequeña contribución fuera tan vista y comentada siendo, como es, un asunto, para mi, de maxima importancia. La segunda impresión fue de cierta incomodidad. Es como, WordPresssin querer, ser expuesto al escrutinio de un gran ojo público cuando no lo has deseado. La tercera gratitud a todos esos amigos que habéis llegado hasta mi casa; deseo que la consideréis desde ahora como si fuera la vuestra.

links recomendados:

El blog de la Madre de Helena

Stop Accidentes, el caso Enaitz